Entrar en aquel universo era de las mejores cosas que me habían pasado en mucho tiempo. Tenía mil recovecos por descubrir, y era lo que más me ilusionaba. Brincar, bailar, sonreír, todo servía en aquel puente. Incluso la puerta del campo del almendros se dejaba acariciar -antes se mostraba un poco lejana y mordía (sólo a veces)- las bisagras, los tablones de su maciza madera...
Me sorprendí girando la llave, que tenía una ·G· marcada a fuego. ¿G?
Sólo podía ser de g e n i a l.
miércoles 25 de abril de 2007
·G· de genial
Imaginado por Malakatön a las 19:37 4 idea(s), ¿a qué esperas tú?
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