miércoles 25 de abril de 2007

·G· de genial

Entrar en aquel universo era de las mejores cosas que me habían pasado en mucho tiempo. Tenía mil recovecos por descubrir, y era lo que más me ilusionaba. Brincar, bailar, sonreír, todo servía en aquel puente. Incluso la puerta del campo del almendros se dejaba acariciar -antes se mostraba un poco lejana y mordía (sólo a veces)- las bisagras, los tablones de su maciza madera...

Me sorprendí girando la llave, que tenía una ·G· marcada a fuego. ¿G?





Sólo podía ser de      g e n i a l.