Si te fijabas bien, la capa del miedo cada vez tenía más agujeritos. No sabía bien que estaba pasando, mi almendro estaba bastante lejos y las ramas a veces ocultaban la visión de aquel lugar. La verdad es que pensé en bajar de allí y volver por donde había venido: no saber nada del puente, el campo de almendros y todas las cosas que había visto nuevas; aquellas palabras del miedo me habían hecho pensar en lo que significaría todo ¡era una locura plantarle cara a todo!
Fuera lo que fuese, parecía que funcionaba. Al miedo le cambiaba la cara -si es que a aquello se le podía llamar cara- por momentos, algo que a mí me agradaba cada vez más. "Si esto sigue así -me dije- creo que dentro de poco desaparecerá, o por lo menos se apartará un poquito". Sí, era el momento de bajar del árbol y acercarme al puente, lo veía tan fuerte como al principio, seguro que aguantaría todos los pesos, trifulcas y malos pensamientos que el miedo dejaba libres.

Nunca antes le había plantado cara a aquel miedo, era diferente a otros que sentí tiempo atrás. Este implicaba muchos cambios, muchas situaciones, mucha distancia. Sólo tuve que sonreír y regalar un beso al aire: todo se desvanecía, el puente brillaba de nuevo a la luz del sol y el río volvía a discurrir transparente, alegre y tranquilo. No es que hubiera olvidado las advertencias del miedo, las había dejado apartadas, desvanecidas, etéreas. Se abría ante mí un nuevo universo. Sin más, me convertí en guerrera, ávida de aventuras, búsquedas, luchando contra nostalgias y distancias, para encontrar al eterno viajero.
1 idea(s), ¿a qué esperas tú?:
que bonita música!!!! Quien es?
Me gusta tu blog.
Desde Argentina
te saluda
Iñaqui
con
q
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