martes, 6 de marzo de 2007

Todo, al fin y al cabo, es un no saber donde estoy.



Sé que cuando llegue la noche, no tendré más arropo que mi vestido blanco. El miedo arrecia -como las tormentas- y no sé en qué forma aparecerá. Hay veces que lo ves venir, pero cuando estás en el puente sólo puedes ver que lo tienes delante cuando ya está mirándote desde la otra orilla:

Puedes haber andado por miles de calles, parado en miles de cafés, dormido en cientos de suelos hasta llegar a ese puente. Puedes entretenerte conociendo sus tornillos, saltando para probar su resistencia, mirando lo que pasa bajo él, colgando los pies mientras miras al cielo soñando tal vez con que el miedo no aparecerá.

Una vez soñé con campos de almendros, un paraje singular. Me vi atravesando un camino que lo delimitaba, le rodeaba. Veía el puente, no muy lejos, y el corazón saltaba viendo que aún no había pasado nada. Igual esta vez era la definitiva, el miedo no aparecería. El puente parecía perfecto, sólo algunos detalles le faltaban.


Pero sólo lo parecía, sólo era un sueño. De pronto allí estaba.



Me dio a conocer que lo único que estaba haciendo era mirar desde detrás de un almendro a un puente a medio construir. Me convenció con que la robustez del puente la había soñado, que el campo que continuaba en la otra orilla no existía. Que las aguas claras que nadaban bajo nosotros sólo eran vapores de otras, ya secas.

Si es así como dice, me encerraré al cobijo del almendro, y no saldré de entre sus ramas hasta que alguien se coma una flor y me despierte de este letargo. O hasta que el miedo se vaya.

(...)

1 idea(s), ¿a qué esperas tú?:

Anónimo dijo...

Me ha gustado lo que has escrito.
Y la foto, el recorte y el filtro es sensacional.
Ralemente da un aspecto ilusorio.

Yo espero algún día saber volar y liberarme de ataduras, de miedos.

Pero ahora mismo, los campos de almendros, estan preciosos de blanco. De nieve falsa y aterciopelada.

Un abrazo.